CINCUENTA AÑOS NO ES NADA

Primary tabs

CINCUENTA AÑOS NO ES NADA

CINCUENTA AÑOS NO ES NADA

Las alumnas del curso de 1966 volvieron al colegio de las Madres Escolapias para celebrar las bodas de oro fuera de sus muros

Llegaron expectantes, algunas no habían vuelto por el colegio desde que acabaron su etapa escolar y no sabían qué sentimientos dormidos durante tanto tiempo iban a despertarse en su interior.
Al principio besos, abrazos y mucha alegría con el reencuentro de las que compartieron tantos años unas delante y otras detrás de los pupitres.
Después de acabadas las muestras de cariño, iniciaron un recorrido por el colegio.

  

Las instalaciones eran fantásticas, modernas, donde las nuevas tecnologías ocupan un lugar predominante. El cambio ha sido muy grande durante estos años y ha tenido que caminar de la mano con la sociedad y evolucionar a su ritmo, pero se sentían extrañas.
La montaña había desaparecido, la casa vieja también. Los enormes pinos del patio brillaban por su ausencia. La nostalgia se instaló en sus corazones. Ese no era su colegio.

El recorrido acabó en la zona más antigua. La escalera principal lucía en todo su esplendor. En ese momento volvieron a tener cincuenta años menos y se inmortalizaron en el mismo lugar donde lo habían hecho en numerosas ocasiones.

  


Con la sensación de pisar terreno conocido, se encaminaron a la capilla. Allí recordaron tanto a alumnas como a profesores que, por diversos motivos, no pudieron acudir al encuentro y se hizo una ofrenda de flores a la Virgen por los que se fueron definitivamente. Una rosa por cada uno de ellos.

   

Más tarde y con el fin de romper la emoción contenida, entraron en un aula donde Mari Carmen Cuesta, presidenta de la asociación de Antiguas Alumnas, hizo un recuerdo en tono cariñoso sobre la huella que cada una de las profesoras presentes había dejado en sus alumnas:

Ángela Hoyos les enseñó a ser pacientes y tolerantes.
Teresa Ruiz consiguió que entendieran la religión como una vivencia y el compromiso de tender la mano a los que caminan a nuestro lado.
María Josefa González les inculcó la máxima de que con esfuerzo, disciplina y razonamiento se pueden superar las dificultades y resolver los problemas que la vida pone en el camino.
María Teresa Gutiérrez hizo de las clases algo distendido y consiguió despertar en sus alumnas la curiosidad por ampliar conocimientos.
Paquita López logró que llegaran a entender que a través del estudio de las lenguas muertas, se conoce la propia historia y aprendieron a mirar el arte como parte de su cultura.
Amparo Berzal les metió en la cabeza que el deporte es el complemento necesario para llegar al equilibrio personal.
Y Angelines Fernández tuvo la suficiente habilidad para que comprendieran que “los pueblos que desconocen su historia, están obligados a repetirla”.

Como colofón a tantas emociones, compartieron mesa, mantel y confidencias sobre su vida durante estos cincuenta años en los que sus caminos no han discurrido paralelos.

   

Al despedirse, de nuevo entre besos y abrazos, hicieron la firme promesa de mantener el contacto ya sea físico (en la medida de lo posible) o virtual a través de las infinitas posibilidades que brindan las redes sociales.

Un día intenso y gratificante en Alcalá de Henares a 5 de noviembre de 2016
María José Fernández